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Liderar conciliando vida privada con laboral

Desde el liderazgo se suele abordar en profundidad los temas de gestión del talento, gestión del cambio, motivación, gestión de equipos y desde hace un tiempo, todos hablan de un tema que es básico para una gestión eficiente de los anteriores asuntos nombrados. Nos referimos al tema de la conciliación, que comienza a ser la vedette en todas las organizaciones, ya que una vez que uno la practica, logra también la eficiencia gestionando el talento, afrontando los cambios y motivando a sus equipos.

El tema de conciliación viene vinculado también a una de las metas más legítimas que estamos viviendo en los últimos tiempos: la de ser feliz en nuestro ámbito trabajo. La madre y padre trabajador buscan ganarse su sustento sin olvidarse del tiempo para disfrutar la familia y del ocio. El joven emprendedor sueña con trabajar en lo que le gusta y al mismo tiempo, quiere disponer de su tiempo para ir al gimnasio, organizar viajes y disfrutar sus amigos.

Muchos directivos sienten una vorágine de trabajo que les impide salir en hora y disfrutar de su tiempo libre o de llegar a tiempo para estar con sus hijos. La infelicidad en el trabajo se manifiesta con el aburrimiento, cinismo, mal humor, nerviosismo, insomnio, irritabilidad, pérdida de idealismo, depresión o frustración. La felicidad se ve cuando además de invertir mi tiempo en el trabajo, tengo también tiempo para disfrutar de mis seres queridos, de practicar deporte y de encontrarme con amigos.

Cada vez más las organizaciones buscan retener el talento, cuidando que esas personas tengan equilibrada su vida personal con su vida laboral. Podemos citar casos como Google en Irlanda donde se incluyen gimnasios y muchos espacios al aire libre y en la filosofía de la compañía se puede leer que “no hay que llevar traje para ser formal”. En realidad, el trabajador desea pertenecer a empresas que le prometen que hará lo que ama hacer. Por tanto, el trabajo ideal es el que se conecta con nuestros sueños, valores y con nuestra realización personal.

Un primer paso para lograr la conciliación es que las mismas empresas la promuevan y reflexionen si en su staff tienen a personas creativas, inquietas, curiosas, con destrezas digitales y cierta aversión al aburrimiento, como puede ser la llamada generación “Y” o también llamados los Millenials, que son los menores de treinta, generación que integra los nacidos desde 1981 a 1995.

Claro que en las empresas todavía subsisten los jefes y mandos medios, la mayoría pertenecientes a la generación “X”, los nacidos entre 1969 a 1985, los que vieron caer el Muro de Berlin, o los primeros videoclips de MTV Aunque tantos los X como los Baby Boomers miran admirados cómo los Y hicieron de la redes sociales una forma de trabajo y cómo se dan el lujo de conciliar su vida privada y laboral, que aprendieron a disfrutar su trabajo y no a “vivir para trabajar”., o vieron con sorpresa la explosión del Challenger, la caída de las Torres Gemelas de Nueva York y sintieron la palabra “Sida” por primera vez. La generación X es la que más desafió a la generación de sus padres, la del Baby boom, esos previsores, que trabajaron incansablemente, acumularon bienes y ahorros y buscaron casarse para toda la vida.

En realidad, más allá del tipo de generación a la que pertenezcamos, la mayoría de las personas valoran espacios de ocio como aspectos positivos de un trabajo. El trabajo debe ser sano, creativo y que tenga en cuenta a un individuo consciente de su potencial, que asume las diferencias con respecto a sus compañeros y pide que se le reconozca como un ser digno de respeto. Esto significa que el trabajo tiene su tiempo compartido donde trabajo en equipo y sus momentos apartes donde demuestro mi talento y saco lo mejor de mi ser.

Trabajar y disfrutar la familia, la clave de conciliar vida privada y laboral

El desafío de los líderes es cultivar la cultura emprendedora en su equipo, que implica permitir al otro el derecho a hacer y decir, siempre y cuando esta libertad no difiera de los intereses de los otros miembros del equipo. Se sabe que sin la presencia del otro, es imposible que lleguemos a ser nosotros mismos. Cuánto más aprendo del otro, más cercano estoy a cultivar la empatía y el amor propio. Además de la buena relación con los compañeros, la relación fructífera entre jefe y empleado debe establecerse con espacios para cada uno, donde se acepte la independencia, se reconozca que todos aprendemos de forma diferente y en distinto tiempo y a la vez no olvidarnos de disfrutar nuestro ocio.

Comentarios


Presentación de alumnos

Primera parte

Vimos la importancia de una comunicación clara y el liderazgo en la gestión de la motivación del equipo y la reducción de la ansiedad.

Debemos proporcionar estructura, definir expectativas y ofrecer espacios de participación para fomentar la autonomía y la confianza.

Las recompensas sociales tienen un papel clave para influir en el comportamiento, contrastando las amenazas a la autonomía con el refuerzo positivo a través del reconocimiento y la comunicación transparente. Te proponemos reflexionar sobre situaciones en las que sintieron una pérdida de influencia y a reformular sus mensajes para activar recompensas en lugar de amenazas, mejorando así la cooperación y el compromiso.

2da parte Modelo SCARF

En esta parte, vimos el modelo SCARF de Neuroliderazgo,  que ayuda a los oradores a comprender y activar motivadores sociales en sus audiencias. Leticia explicó cómo usar el lenguaje corporal, la modulación de la voz y los recursos visuales de manera efectiva, enfatizando la importancia de conectar con la audiencia a través del contacto visual y gestos de manos adecuados. 

 

El modelo SCARF, un marco basado en neurociencia desarrollado por David Rock, describe cómo el cerebro humano responde a situaciones sociales activando circuitos de amenaza o recompensa. Las amenazas sociales pueden activar los mismos circuitos neuronales que el dolor físico, citando investigaciones de Naomi Eisenberger en la Universidad de California. Hay cinco motivadores sociales en el modelo SCARF: estatus, certeza, autonomía, relacionamiento y justicia, explicando cómo cada uno afecta la motivación, la cooperación y el aprendizaje cuando se fomentan. Enfatizó la importancia de comprender y abordar estos motivadores para mejorar las interacciones sociales y el rendimiento en diversos contextos, incluyendo el habla en público y las relaciones.

 

Ella discutió los tres canales de comunicación preferidos - visual, auditivo y kinestésico - y cómo adaptar el estilo de mensaje en consecuencia. La sesión cubrió ejercicios prácticos para mejorar la presencia en el habla, incluyendo técnicas de respiración y postura física, y también abordó cómo manejar el nerviosismo y mantener el compromiso del público a través de un ritmo y narración adecuados.

3 a parte Hipocampo, gestión del estrés y aburrimiento

Nos interesa que ambos sistemas, simpatico y para simpatico estén en armonía.

Si nuestro sistema parasimpatico estuviera todo el tiempo activo, tendríamos estrés, ansiedad, depresión, apatía, cansancio extremo, lentitud mental y cognitiva.

Hay momentos que necesitamos que las expresiones de lucha o de huida del simpatico estén presentes. Y hay otros momentos que necesitamos de la parte relajada y de participación social del parasimpático.

Cuando hablamos en público, el sistema nervioso autónomo (SNA) juega un papel fundamental en cómo nuestro cuerpo reacciona, y cómo controlamos esas reacciones. Este sistema se divide en dos ramas principales: el sistema simpático y el sistema parasimpático. Ambos trabajan en conjunto para mantener el equilibrio, pero actúan de maneras opuestas, especialmente cuando estamos expuestos a situaciones de estrés, como hablar frente a una audiencia.

1. Sistema Simpático: El "Botón de Alerta"

El sistema simpático es el encargado de activar la respuesta de lucha o huida (fight or flight), que prepara al cuerpo para enfrentar una amenaza percibida. Cuando estás a punto de hablar en público, tu cerebro interpreta la situación como un estrés social, lo que activa esta rama del sistema nervioso.

Respuestas típicas del sistema simpático durante una charla:

Aceleración del corazón: El aumento del ritmo cardíaco ayuda a que más sangre fluya hacia los músculos, preparándote para una acción rápida.

Aumento de la presión arterial: Esto asegura que los órganos vitales tengan más oxígeno y nutrientes para responder rápidamente a cualquier amenaza.

Respiración rápida y superficial: Este cambio en la respiración proporciona más oxígeno para un posible esfuerzo físico, aunque, en este contexto, no se necesita correr ni pelear, solo enfrentar la situación.

Sudoración: El cuerpo intenta regular la temperatura corporal, ya que el aumento de la actividad física genera calor.

Tensión muscular: Los músculos se tensan, lo que nos hace sentir rígidos y, a veces, incluso inmóviles.

Todo esto se traduce en una sensación de nerviosismo o ansiedad, la cual es común antes de hablar en público. El sistema simpático pone al cuerpo en estado de alerta para protegerse de lo que percibe como una amenaza.

Debemos tener estrategias para una comunicación y participación efectivas en entornos de aprendizaje. Debemos proporcionar una visión general antes de profundizar en los detalles, usar elementos visuales y permitir tiempo para la reflexión para reducir la sobrecarga cognitiva. Leticia también destacó el papel de las preguntas para mantener a los estudiantes activos y la necesidad de que los estudiantes repitan la información para solidificar las conexiones neuronales. Insistió en la importancia del lenguaje corporal en la comunicación, abogando por posturas seguras y una entrada contundente para captar la atención del público.

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