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El coaching: entre las fórmulas mágicas y la concreción posible del sueño

Actualizado: 11 feb 2022

Constantemente, muchos de mis amigos, alumnos y clientes me preguntan las claves para estar feliz la mayor parte del tiempo. Algunos creen que soy feliz porque me he formado como psicóloga, coach y trabajo en desarrollo personal. Lamentablemente eso no es garantía de nada. Una persona no logra ser un buen profesional de las ciencias humanas porque ha estudiado psicología y tenga varios Másters y posgrados en diversas disciplinas relacionadas al desarrollo personal.


Sin duda, desde la psicología y el coaching se tiene acceso a muchas herramientas internas que allanan el camino para conocernos y mejorar nuestra posición en el mundo. Pero hasta que la Facultad de psicología o las escuelas de coaching de todo el mundo no realicen un examen de ingreso para evaluar el grado de autocontrol, valores y cordura de los aspirantes a ser psicólogos o coaches, ingresar y terminar la carrera de psicología o obtener acreditación como coach no es garantía de paz interior ni de empatía universal ni siquiera de ser un buen profesional. Así como construir un techo alto no implica tocar las nubes, lo mismo sucede en lo profesional. Podemos tener muchos estudios pero las habilidades blandas, esas que tienen que ver con lo interpersonal serán las claves para manejarnos en cualquier profesión. De hecho, ese es el tema central del próximo CALM(Congreso de Autoestima y Liderazgo de Montevideo).


Al menos en mi país, Uruguay, se obliga a tener años de terapia si uno se quiere dedicar a la psicología clínica pero no es un requisito en España. Hay reglas de sentido común como la confidencialidad, la necesidad de neutralidad y de ausencia de prejuicios que deben cultivar tanto coaches como psicólogos pero según me comentan algunos clientes, esto parece que se reduce a una teoría a la hora de ejercitar la profesión.




Con esto, estoy queriendo decir que si ayudamos al cliente a fomentar su juego interno, a agudizar su intuición, esta última tendrá que ser muy efectiva cuando deba elegir un psicólogo o coach para trabajar su vida.


Sinceramente, encontrar un buen psicólogo y coach es una gran odisea en el mundo de hoy. Resulta curioso que para estudiar psicología o coaching, no se exija un examen de ingreso para comprobar nivel de salud mental y de inteligencia emocional del interesado. Tan sólo se pide la seguridad que el alumno pueda pagar el dinero del curso en cuestión. Menciono esto porque siguen surgiendo una gran cantidad de coaches que utilizan el coaching como una herramienta para vender humo y soluciones mágicas, totalmente contrarias a lo que considero que es el buen ejercicio de la profesión. Como coaches, podemos callarnos la boca y permitir que proliferen estos “profesionales” que desvirtúan los principios del coaching o marcar nuestra diferencia. Y yo me decido a marcar diferencia. Desde mi manera de distinguirme entre los que fingen ser genios de la botellita y el resto, soy muy selectiva en relación a los coaches con los que mantengo contacto por las redes sociales, por ejemplo. De esta manera, sólo agrego como amigos en Facebook o Twitter a aquellos que considero que promueven el cambio o la mejora desde una postura humilde, poderosa y realista.


Podría callarme la boca ahora mismo y no escribir nada sobre esto. Porque finalmente, me vinculo con los coaches que quiero, creo alianzas con ellos, tengo mis clientes pero creo que la autenticidad es una clave en el buen coaching. Sin la intención de sonar arrogante y grandilocuente, el coach asume un compromiso con el cliente. Asumimos ser un guía, un recipiente vacío que el cliente llenará y un espejo para que refleja sus potencialidades y debilidades. Si cultivamos el altruismo con el cliente, no es coherente que esa actitud profesional no la llevemos a otros terrenos y al resto de las personas. Si sólo cuidáramos a los clientes que nos pagan y no nos preocupáramos por cultivar mejoras más allá de las sesiones o la consulta, surgiría una carencia desde nuestro rol como psicólogos o coaches.



Por eso, asumo el compromiso de decir el coaching que a mí me gusta. Como coach, soy reacia a los que usan el coaching para vender recetas de la felicidad. No creo en eso. Creo en el coaching como una metodología de cambio, de mejora personal y un autoconocimiento que nos hará más sabios, más efectivos y más productivos con las metas que queremos alcanzar. Creo en el coaching como un camino para descubrir los valores explícitos e implícitos del cliente y también como un camino para desterrar las creencias limitantes. Creo en el coaching como un contrato entre dos aliados temporales. Pero no creo en el coaching como un dogma que nos amplía la mirada tanto que nos desenfoca de lo realmente importante y nos hace creer que somos omnipotentes o semidioses. Somos poderosos, creativos, bondadosos, pacientes, generosos, pacíficos y tenemos un enorme horizonte de posibilidades que visionamos siempre y cuando no nos dejemos cegar por algunos soles y sepamos que tendremos altos y bajos en esa cumbre que es la vida. Estas son algunas de las cosas en las que creo pero parafraseando al gran Groucho con respecto a lo que decía sobre sus principios, tengo otras creencias que voy adaptando según las circunstancias. Para todo las demás cosas que no creo, siempre está John Lennon para resumirlas de una forma más eficaz.

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Presentación de alumnos

Primera parte

Vimos la importancia de una comunicación clara y el liderazgo en la gestión de la motivación del equipo y la reducción de la ansiedad.

Debemos proporcionar estructura, definir expectativas y ofrecer espacios de participación para fomentar la autonomía y la confianza.

Las recompensas sociales tienen un papel clave para influir en el comportamiento, contrastando las amenazas a la autonomía con el refuerzo positivo a través del reconocimiento y la comunicación transparente. Te proponemos reflexionar sobre situaciones en las que sintieron una pérdida de influencia y a reformular sus mensajes para activar recompensas en lugar de amenazas, mejorando así la cooperación y el compromiso.

2da parte Modelo SCARF

En esta parte, vimos el modelo SCARF de Neuroliderazgo,  que ayuda a los oradores a comprender y activar motivadores sociales en sus audiencias. Leticia explicó cómo usar el lenguaje corporal, la modulación de la voz y los recursos visuales de manera efectiva, enfatizando la importancia de conectar con la audiencia a través del contacto visual y gestos de manos adecuados. 

 

El modelo SCARF, un marco basado en neurociencia desarrollado por David Rock, describe cómo el cerebro humano responde a situaciones sociales activando circuitos de amenaza o recompensa. Las amenazas sociales pueden activar los mismos circuitos neuronales que el dolor físico, citando investigaciones de Naomi Eisenberger en la Universidad de California. Hay cinco motivadores sociales en el modelo SCARF: estatus, certeza, autonomía, relacionamiento y justicia, explicando cómo cada uno afecta la motivación, la cooperación y el aprendizaje cuando se fomentan. Enfatizó la importancia de comprender y abordar estos motivadores para mejorar las interacciones sociales y el rendimiento en diversos contextos, incluyendo el habla en público y las relaciones.

 

Ella discutió los tres canales de comunicación preferidos - visual, auditivo y kinestésico - y cómo adaptar el estilo de mensaje en consecuencia. La sesión cubrió ejercicios prácticos para mejorar la presencia en el habla, incluyendo técnicas de respiración y postura física, y también abordó cómo manejar el nerviosismo y mantener el compromiso del público a través de un ritmo y narración adecuados.

3 a parte Hipocampo, gestión del estrés y aburrimiento

Nos interesa que ambos sistemas, simpatico y para simpatico estén en armonía.

Si nuestro sistema parasimpatico estuviera todo el tiempo activo, tendríamos estrés, ansiedad, depresión, apatía, cansancio extremo, lentitud mental y cognitiva.

Hay momentos que necesitamos que las expresiones de lucha o de huida del simpatico estén presentes. Y hay otros momentos que necesitamos de la parte relajada y de participación social del parasimpático.

Cuando hablamos en público, el sistema nervioso autónomo (SNA) juega un papel fundamental en cómo nuestro cuerpo reacciona, y cómo controlamos esas reacciones. Este sistema se divide en dos ramas principales: el sistema simpático y el sistema parasimpático. Ambos trabajan en conjunto para mantener el equilibrio, pero actúan de maneras opuestas, especialmente cuando estamos expuestos a situaciones de estrés, como hablar frente a una audiencia.

1. Sistema Simpático: El "Botón de Alerta"

El sistema simpático es el encargado de activar la respuesta de lucha o huida (fight or flight), que prepara al cuerpo para enfrentar una amenaza percibida. Cuando estás a punto de hablar en público, tu cerebro interpreta la situación como un estrés social, lo que activa esta rama del sistema nervioso.

Respuestas típicas del sistema simpático durante una charla:

Aceleración del corazón: El aumento del ritmo cardíaco ayuda a que más sangre fluya hacia los músculos, preparándote para una acción rápida.

Aumento de la presión arterial: Esto asegura que los órganos vitales tengan más oxígeno y nutrientes para responder rápidamente a cualquier amenaza.

Respiración rápida y superficial: Este cambio en la respiración proporciona más oxígeno para un posible esfuerzo físico, aunque, en este contexto, no se necesita correr ni pelear, solo enfrentar la situación.

Sudoración: El cuerpo intenta regular la temperatura corporal, ya que el aumento de la actividad física genera calor.

Tensión muscular: Los músculos se tensan, lo que nos hace sentir rígidos y, a veces, incluso inmóviles.

Todo esto se traduce en una sensación de nerviosismo o ansiedad, la cual es común antes de hablar en público. El sistema simpático pone al cuerpo en estado de alerta para protegerse de lo que percibe como una amenaza.

Debemos tener estrategias para una comunicación y participación efectivas en entornos de aprendizaje. Debemos proporcionar una visión general antes de profundizar en los detalles, usar elementos visuales y permitir tiempo para la reflexión para reducir la sobrecarga cognitiva. Leticia también destacó el papel de las preguntas para mantener a los estudiantes activos y la necesidad de que los estudiantes repitan la información para solidificar las conexiones neuronales. Insistió en la importancia del lenguaje corporal en la comunicación, abogando por posturas seguras y una entrada contundente para captar la atención del público.

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