El avance de los valores y el derrumbe de los falsos gurúes
- Leticia Brando

- 14 feb
- 5 Min. de lectura

Vivimos una era muy global, donde todo pasa por las redes sociales y por los clones que podemos crear desde la inteligencia artificial. Un mundo donde los creadores de contenido son la aspiración de muchos jóvenes. En este mundo ficticio, no siempre las personas son lo que proyectan desde las redes.
Incluso aquí mismo en LinkedIn hay una sobredosis de estímulos, de artículos para leer, exceso de gente contando sobre sí mismos. Los que vivimos el momento elegante de esta red, donde hacías contactos profesionales y la sinergia fluía, sin fotos, sin videos, simplemente con tu foto de perfil y los detalles de tu trayectoria. Así conocí a personas claves en mi vida profesional. Claro que era un momento que distinguir a la persona virtuosa bastaba con intercambiar unos mensajes y luego coordinar una reunión. Ahora nos encontramos con gente escribiendo diariamente, en la carrera de hacer contenido y en ese devenir, aparecen los virtuosos y los monstruosos.
Con virtuosismo me refiero a esos líderes que piensan en su equipo, trabajan enseñando con el ejemplo, inspiran para ser un modelo para ellos y reproducen valores como el respeto, la cooperación, el aprendizaje constante y la erradicación del miedo a equivocarse.
Con liderazgo monstruoso me refiero a una persona que crea contenido diario que puede sonar bonito, logró un puesto de liderazgo en su empresa o emprendimiento pero en la realidad, establece un sistema basado en la competencia, en la comparación, en el miedo y en la evitación que su equipo crezca a su nivel. Un estilo doctor Frankenstein, que crea su criatura pero la desprecia, busca que sea muy inteligente pero no le permite desarrollarse ni expandirse.
En la actualidad, vamos a encontrarnos a lideres que postean contenidos diarios realizados con inteligencia artificial, que buscan escalar profesionalmente pero no se ocupan que sus subordinados también crezcan. Puede pasar que sean líderes que delegan mucho y uno dice, qué bien cómo delega y concilia estupendamente y en realidad es que su asistente hace todo el trabajo y él simplemente se lleva los laureles. O puede pasar que sea un líder que ve toxicidades en la cultura organizacional como excesos de poder de alguno de los directores pero por miedo a decir, a perder status, se calla y deja que se propague esa cultura del silencio, de la evitación y de la ausencia de valores.
DEL SILENCIO A LAS VÍCTIMAS QUE HABLAN
Estos cuestionamientos sobre el liderazgo que yo considero virtuoso o monstruoso estallan cuando nos enteramos que Bill Gates, Bill Clinton, Donald Trump, Noam Chomsky y tanta gente poderosa era amiga del magnate de las finanzas Jeffrey Epstein, acusado de abusar de cientos de mujeres menores de edad. Lo peor que este señor tenía una cómplice mujer: Ghislaine Maxwell. Lo peor que cuando contaba esta mujer a una amiga que le conseguía chicas de 14 a 17 años a Epstein porque ella sola no podía satisfacerlo, cuando se refería a ellas les decía “basura”. Así nomás. Una mujer refiriéndose a niñas con desprecio y altivez. El poder sabía de la existencia de ese líder monstruoso. Sabía de su isla en las Islas Vírgenes. Sabía de lo que hacía en Nueva York o Miami.
Hace unos años, en febrero de 2023, la supuesta santidad denominado Dalai Lama, obligó a un niño a que lo besara y hasta le pedía que le lama la lengua. Esto horrorizó a parte del mundo que consideró que esta supuesta santidad estaba mostrando en público algo que frecuentemente hacía en privado: abuso de seguidores inocentes.
En 2026, el supuesto gurú espiritual Deepak Chopra aparece en los archivos de la investigación al magnate pederasta, Jeffrey Epstein. Lo peor es leer los mails de 2016 y 2017 donde Chopra dice cosas como estas:
“Las chicas guapas se dan cuenta cuando hacen ruido”.
“Dios es una construcción. Las chicas guapas son reales”.
“Disfruto de la compañía de mujeres jóvenes, intelectualmente perspicaces y conscientes de sí mismas, y me encanta interactuar con ellas para inspirarlas y estimularlas”.
“Todo lo que compartimos queda entre nosotros. No comparto nada con nadie, pero confío en ti”.
“Ven a Israel con nosotros.
Relájate y diviértete con gente interesante.
Si quieres, usa un nombre falso.
Trae a tus chicas”.
y…
“¿Ella [la mujer que presentó una demanda civil por abuso] también retiró la demanda civil contra ti?” Epstein: “Sí”. Chopra: “Bien”.
Estas son las palabras de Chopra a Epstein, citadas textualmente de correos electrónicos que se hicieron públicos. Sin parafraseo ni interpretación añadida.
¿Cómo podemos hacer para dejar de crear estos lideres monstruosos, al estilo doctor Frankenstein? Porque debo recordarles que en el clásico de Mary Shelley y que fantásticamente se puede ver en la película de Guillermo del Toro, el monstruo no es la criatura creada. El monstruo es el doctor que quiere ser Dios, se cree todopoderoso, miente, envidia y crea intrigas.
Sólo podemos sobrevivir a esto creando un sistema sólido de valores inquebrantables. Debemos establecer reglas donde se premie la honestidad, el respeto, la curiosidad y el coraje de preguntar. Y principalmente debemos dejar de fijarnos en la ambición y el carisma a la hora de elegir líderes y evaluar más la compasión y la humildad.
En mi caso, tuve la fortuna de hacer coaching ejecutivo y mentoring a líderes excelentes y virtuosos. Me he movido en un mundo masculino porque por más que se hable mucho de liderazgo femenino en las últimas décadas, todavía en el mundo empresarial , la última palabra tiene predominio masculino. Y jamás me he cruzado ningún líder que se haya excedido y haya mostrado una versión desvirtuada de sí mismo. Pero sé que tuve mucha suerte. Porque otras mujeres no tuvieron la misma suerte.
Porque hay todavía excesos que se dan en ciertos puestos de liderazgo. Una forma de corregir eso es formarse como coaches. Muchas personas que les queda grande el puesto de líder encontraron en los valores del coaching ontológico una forma de mejorarse como personas y como líderes. Sin duda, hay un antes y después del coaching en la vida de muchos. Pero claro, hay algunos casos que por más lecciones de mayéutica socrática y de filosofía que reciban, les cuesta liderar desde la credibilidad, la confianza y la ética.
Hay algunas cosas que podemos hacer para evitar líderes monstruosos:
-Rotar auditores y mentores
Los personajes como Epstein prosperan mediante el tráfico de influencias y el aislamiento de sus víctimas. Por eso, debemos rotar de auditores y mentores ante los jóvenes talentos. Debemos cruzar las jerarquías para que siempre haya una "segunda mirada".
-Institucionalizar la transparencia.
Los manipuladores usan la información como poder y el secreto como arma. Publica exactamente qué se necesita para ascender. Esto evita el "favoritismo" o las promesas vacías que los líderes abusivos usan para manipular a su equipo.
-Tolerancia cero
Y una idea que deberían implementar todas las empresas es un protocolo de tolerancia cero a determinados hechos.
En resumen, el éxito real de una empresa no debería medirse solo por los números que se alcanzan, sino por la integridad de los pasos que se dan para llegar a ellos. Ningún objetivo comercial, por importante que sea, justifica el sacrificio de los valores o del bienestar de la gente. Ningún monstruo más debe crecer oculto tras el disfraz de benefactor o seductor.
La mayor lección para cualquier organización: el carisma, la espiritualidad o el éxito filantrópico no son certificados de integridad.
Cuando figuras que proyectan una imagen de "iluminación" o "éxito global" se ven envueltas en conductas abusivas o redes de tráfico de influencias, se confirma que el poder tiende a crear burbujas de impunidad.




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