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La decepción de siempre

Actualizado: 29 jul 2022

A veces nos toma de sorpresa. Hemos puesto muchas expectativas en una relación, en un trabajo, en un proyecto que ante la imposibilidad que eso se cumpla tal como soñamos, llega ella. La decepción trae consigo angustia, ansiedad, taquicardia y un nudo en la garganta, que ni el mejor vaso de agua fría calma ese dolor incendiario. Nos agarra desprevenidos. No siempre esperamos que ella llegue. Dentro de lo razonable, la lloramos y buscamos oídos y ojos amigos que nos brinden palabras de consuelo. Algunos recurren a nosotros, los psicólogos y coaches, nos piden un antídoto para aliviar ese dolor. No lo hay. El tiempo y el trabajo interior van a ir calmando ese estado fatal del espíritu. Lo cierto que ella llega como una catarata poblada de varias pérdidas, ciertas fatalidades, rupturas varias porque cada vez que alguien nos decepciona, vuelve nuestra historia a recordarnos que eso ya lo vivimos, ya lo sufrimos y volvimos a equivocarnos. Hay gente que lleva toda una vida decepcionándose y algunos le huyen tanto que buscan relaciones sin compromiso. Algunos hacen de ella un deporte. Están los que son expertos en decepcionar y los que deciden ser decepcionados en cada nuevo vínculo. Las mujeres que aman demasiado, esas que ya ilustró tan bien Robin Norwood en su best seller son esas que buscan siempre reformar, curar y estar en relaciones con hombres que no pueden amarlas porque no se aman ni a sí mismos.




Pero también son cada vez más los hombres que aman demasiado, buscan cambiar a mujeres que son frías e inaccesibles. La decepción es la reina de los vínculos tóxicos. Porque la decepción aflora en personas que deciden jugarse por algo. Cuando uno da y siente que no le vuelve, ahí es el terreno nutricio para que ella crezca. Cuando una mujer casada sigue perdonando infidelidades de su marido y tras el perdón de él, vuelve la repetición de su conducta, ahí la decepción deja de ser una pequeña planta y se transforma en un árbol frondoso. Cuando una pareja acepta que su convivencia no incluye mirada a los ojos, ni caricias, ni besos, ni respeto, ahí también aflora el terreno para que surjan bosques de decepción.


Con ella viene la tristeza, ese estado oscuro del espíritu donde los vacíos o las fotografías de otras épocas esfuman toda alegría. Pueden pasar días, meses, años de sentirse decepcionado. Es una herida que sangra e impide el gozo. Ante ella, no sabemos qué hacer y menos quiénes ser. En este no saber, ella se muestra dueña de nuestra vida y obra.


Un día descubrimos que no podemos instalarnos en ella y darle tanto poder. No podemos despertarnos con ella y mucho menos dejarle que perfume nuestras sábanas en la noche. Aprender de ella será la cuestión. Un día vemos que el amanecer con ella, deja ver un sol radiante. Entonces llega la esperanza, el volver a creer, la convicción y la decisión de tener otra mirada sobre la vida. Entonces llega el momento que una mujer u hombre se da cuenta que es más importante tomarse como una prioridad que hacerle la cena a esa pareja que la/lo niega o ningunea. Llega un momento que uno decide no escuchar más gritos ni insultos ni excusas ni justificaciones de los engaños de la otra parte y decide aprender a estar en soledad, cultivar su espiritualidad y recuperar su paz interior. Llega un momento que una persona decide dejar de amar demasiado. No es fácil el camino. Primero se debe buscar ayuda ya sea profesional o la de un amigo, atreverse a cambiar ese patrón de relaciones, dejar de pensar que porque la historia familiar dice que todas las mujeres de la familia fueron co dependientes de vínculos tóxicos, se debe repetir esa historia familiar.


En el mundo de las terapias alternativas se nos dice continuamente que dejemos el ego de lado y que donemos tiempo, abrazos, dinero. Tanto nos dicen que demos, que para salvarse de un vínculo decepcionante, hay que volver al ego, volver a mirarse el ombligo y ver qué queremos y nos hace bien. Capaz que ahí dejamos de ver las gotas de la decepción, poco a poco la vemos como una lluvia lejana, que tenía que pasar para darnos cuenta lo que nos hace bien. Y ahí volvemos a nosotros con los otros. Volvemos a ser y a querer de forma sana y enriquecedora.



Leticia Brando es experta en autoestima, liderazgo y asesoramiento a parejas
Leticia Brando es psicóloga, coach personal y ejecutiva



Leticia Brando es psicóloga, coach personal y ejecutiva y directora de la consultora Brando Coaching. Si te interesa hacer terapia psicológica o coaching personal o ejecutivo con ella, contactala a leticia@brandocoaching.com


Sigue su Twitter: @BrandoCoaching y sus webs: www.brandocoaching.com y www.autoestimayliderazgo.com


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Presentación de alumnos

Primera parte

Vimos la importancia de una comunicación clara y el liderazgo en la gestión de la motivación del equipo y la reducción de la ansiedad.

Debemos proporcionar estructura, definir expectativas y ofrecer espacios de participación para fomentar la autonomía y la confianza.

Las recompensas sociales tienen un papel clave para influir en el comportamiento, contrastando las amenazas a la autonomía con el refuerzo positivo a través del reconocimiento y la comunicación transparente. Te proponemos reflexionar sobre situaciones en las que sintieron una pérdida de influencia y a reformular sus mensajes para activar recompensas en lugar de amenazas, mejorando así la cooperación y el compromiso.

2da parte Modelo SCARF

En esta parte, vimos el modelo SCARF de Neuroliderazgo,  que ayuda a los oradores a comprender y activar motivadores sociales en sus audiencias. Leticia explicó cómo usar el lenguaje corporal, la modulación de la voz y los recursos visuales de manera efectiva, enfatizando la importancia de conectar con la audiencia a través del contacto visual y gestos de manos adecuados. 

 

El modelo SCARF, un marco basado en neurociencia desarrollado por David Rock, describe cómo el cerebro humano responde a situaciones sociales activando circuitos de amenaza o recompensa. Las amenazas sociales pueden activar los mismos circuitos neuronales que el dolor físico, citando investigaciones de Naomi Eisenberger en la Universidad de California. Hay cinco motivadores sociales en el modelo SCARF: estatus, certeza, autonomía, relacionamiento y justicia, explicando cómo cada uno afecta la motivación, la cooperación y el aprendizaje cuando se fomentan. Enfatizó la importancia de comprender y abordar estos motivadores para mejorar las interacciones sociales y el rendimiento en diversos contextos, incluyendo el habla en público y las relaciones.

 

Ella discutió los tres canales de comunicación preferidos - visual, auditivo y kinestésico - y cómo adaptar el estilo de mensaje en consecuencia. La sesión cubrió ejercicios prácticos para mejorar la presencia en el habla, incluyendo técnicas de respiración y postura física, y también abordó cómo manejar el nerviosismo y mantener el compromiso del público a través de un ritmo y narración adecuados.

3 a parte Hipocampo, gestión del estrés y aburrimiento

Nos interesa que ambos sistemas, simpatico y para simpatico estén en armonía.

Si nuestro sistema parasimpatico estuviera todo el tiempo activo, tendríamos estrés, ansiedad, depresión, apatía, cansancio extremo, lentitud mental y cognitiva.

Hay momentos que necesitamos que las expresiones de lucha o de huida del simpatico estén presentes. Y hay otros momentos que necesitamos de la parte relajada y de participación social del parasimpático.

Cuando hablamos en público, el sistema nervioso autónomo (SNA) juega un papel fundamental en cómo nuestro cuerpo reacciona, y cómo controlamos esas reacciones. Este sistema se divide en dos ramas principales: el sistema simpático y el sistema parasimpático. Ambos trabajan en conjunto para mantener el equilibrio, pero actúan de maneras opuestas, especialmente cuando estamos expuestos a situaciones de estrés, como hablar frente a una audiencia.

1. Sistema Simpático: El "Botón de Alerta"

El sistema simpático es el encargado de activar la respuesta de lucha o huida (fight or flight), que prepara al cuerpo para enfrentar una amenaza percibida. Cuando estás a punto de hablar en público, tu cerebro interpreta la situación como un estrés social, lo que activa esta rama del sistema nervioso.

Respuestas típicas del sistema simpático durante una charla:

Aceleración del corazón: El aumento del ritmo cardíaco ayuda a que más sangre fluya hacia los músculos, preparándote para una acción rápida.

Aumento de la presión arterial: Esto asegura que los órganos vitales tengan más oxígeno y nutrientes para responder rápidamente a cualquier amenaza.

Respiración rápida y superficial: Este cambio en la respiración proporciona más oxígeno para un posible esfuerzo físico, aunque, en este contexto, no se necesita correr ni pelear, solo enfrentar la situación.

Sudoración: El cuerpo intenta regular la temperatura corporal, ya que el aumento de la actividad física genera calor.

Tensión muscular: Los músculos se tensan, lo que nos hace sentir rígidos y, a veces, incluso inmóviles.

Todo esto se traduce en una sensación de nerviosismo o ansiedad, la cual es común antes de hablar en público. El sistema simpático pone al cuerpo en estado de alerta para protegerse de lo que percibe como una amenaza.

Debemos tener estrategias para una comunicación y participación efectivas en entornos de aprendizaje. Debemos proporcionar una visión general antes de profundizar en los detalles, usar elementos visuales y permitir tiempo para la reflexión para reducir la sobrecarga cognitiva. Leticia también destacó el papel de las preguntas para mantener a los estudiantes activos y la necesidad de que los estudiantes repitan la información para solidificar las conexiones neuronales. Insistió en la importancia del lenguaje corporal en la comunicación, abogando por posturas seguras y una entrada contundente para captar la atención del público.

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