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La sinfonía de nuestras ondas cerebrales

Resulta increíble cómo se han trivializado ciertos términos. Cada vez más la gente descarga música de Spotify para poder entrenar su onda cerebral Alpha para sentirse más relajado y en paz. Otros viven estresados, pensando en su agenda diaria y no se permiten abandonar su onda Beta. Cada vez que nos dormimos escuchando una conferencia o el último acto de un político, nos dejamos llevar por nuestra onda Theta.

La actividad de las ondas cerebrales puede ser observada en un electroencefalograma o EEG. Se conocen como las ondas Delta, Theta, Alpha, Beta, Gamma.

Nuestro cerebro produce impulsos eléctricos que viajan a través de nuestras neuronas. Estos impulsos eléctricos producen ritmos que son conocidos como ondas cerebrales. En relación con nuestras ondas cerebrales, la clave del auténtico bienestar está en que cada una de ellas trabaje de forma adecuada, dentro de su frecuencia y en un nivel óptimo.

Si el ser humano va cambiando y observando cómo se va transformando sus pulmones, riñones, su piel, su voz, en el caso de las ondas cerebrales también se van modificando y se transforman a medida que crecemos, maduramos y envejecemos.

Ninguna onda es mejor que otra y todas son importantes porque reflejan la actividad eléctrica de nuestras neuronas y son el reflejo de nuestros estados mentales.





Ondas Delta

Son las ondas de mayor amplitud y menor frecuencia (entre 1,5 y 4 cps), que son muy habituales en los bebés y en los niños. Nunca llegan a cero, pues eso significaría la muerte cerebral. Se producen en nuestro cerebro reptiliano. Un nivel adecuado de ondas delta favorece y cuida del sistema inmunitario, de nuestro descanso y de nuestra capacidad para aprender.

Son las más lentas, las que hablan de la mente inconsciente, se dan cuando estamos en un sueño muy profundo, es la parte más instintiva y la más animal.

Cuando no estoy durmiendo, esas ondas son como un radar inconsciente, es la que te permite dar vuelta, previniendo un peligro y se ubican en el cerebelo, donde están la mayor cantidad de neuronas.

De forma negativa, si las tengo mucho, debo ser muy hiper sensible, tengo miedo que me estén atacando, eso no es bueno porque vivo con miedo.

A medida que nos hacemos mayores y envejecemos, tendemos a producir menos ondas de este tipo. Lo cierto es que el sueño y nuestra capacidad para descansar se van perdiendo con los años.

Este tipo de onda se relaciona sobre todo con actividades corporales de las que no somos conscientes, como la regulación del ritmo cardíaco o la digestión.


Ondas Beta

Se producen cuando el cerebro está despierto e implicado en actividades mentales. Son ondas amplias y las de mayor velocidad de transmisión de las cuatro. Su frecuencia oscila entre 14 y 30-35 Hz (ciclos por segundo o cps). Denotan una actividad mental intensa. Cuando una persona está dando un discurso, estudiando, realizando un problema de matemáticas, etc. su cerebro se encuentra emitiendo este tipo de ondas.


Aparecen en estados que se relacionan con actividades cotidianas donde ponemos toda nuestra atención, cuando nos mantenemos alerta y necesitamos a su vez estar pendientes de múltiples estímulos. Ejemplo: conducir, realizar un examen, hacer una exposición, estar en una reunión de trabajo presentando un proyecto, son momentos de máxima activación. Sin embargo, un exceso, una sobreactivación neuronal puede derivar en un estado de ansiedad o estrés capaz de perjudicarnos.


Es la onda de la vigilia, de la escucha, la que estamos despiertos. Tu cerebro ya es maduro, están todas las ondas funcionando, es la onda que te hace sentir separado de los demás, donde eres consciente que eres diferente a los demás. Eso pasa con los adolescentes, toman conciencia de su personalidad y se separan de sus padres.


Cuando atiendes una clase, se supone que estás en Beta pero si te duermes ante lo que dice el profesor, entras en onda Theta. Pero llega el profesor y te llama la atención y vuelves a estar despierto, hablas, interactúas con él para que se de cuenta que algo escuchabas y ahí vuelves a tus ondas Beta, que están en el necortex.


Suelen ser las ondas donde vemos el tiempo lineal.

Si tengo una Beta alta, juzgo, critico, estoy con ansiedad. Con el estrés nos podemos olvidar de las cosas.

Te vas a una reunión y te olvidas del informe, esa Beta alta nos hace que estemos hiper activados, necesitamos que estén equilibrados.

Una buena onda Beta nos va a pemitir entrar en Alpha, que a su vez nos permite entrar a Theta y Gamma.


La investigación en este ámbito sigue dando sus frutos. Un estudio publicado recientemente por un equipo de neurocientíficos del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) ha desvelado un gran descubrimiento acerca de las ondas beta.

En concreto, que cuando las personas realizamos tareas que requieren de la memoria de trabajo, el cerebro usa esta clase de ondas de baja frecuencia para ir cambiando entre las distintas partes de la información. Es decir, actúa como una compuerta reguladora que decide cuándo se lee o se descarta la información almacenada brevemente en la memoria de trabajo, y que nos permite poder pensar en otra cosa.

Ondas Theta

Son ondas de mayor amplitud y menor frecuencia (entre 4 y 8 cps). Se alcanzan bajo un estado de calma profunda. El cerebro de un niño de 2 a 7 años suele estar en esta onda. Posiblemente recuerdes tu infancia cuando ibas registrando todo y almacenando en tu cerebro, de ahí estás forjando tus programas. No estamos conscientes cuando estamos en esta onda.


La persona que está fantaseando (o soñando despierta), se encuentra en este estado, así como la persona que va caminando de su trabajo a su casa y de golpe pasa por la puerta de su casa y no entra, como si estuviera absorto, pensando otras cosas. Se dice que es un estado de inspiración de ideas y soluciones creativas.


Se trata de un estado en el que las tareas realizadas se han automatizado, ya no se necesita tener un control atencional y consciente de su ejecución, pudiendo el sujeto distanciarse de ellas mentalmente. Es decir, que su mente esté en “otro sitio” (a veces decimos “en la luna”).


Cuando accedemos a Tetha también nos permite la experiencia de una profunda meditación, nos permite volar nuestra imaginación al relajarnos. La percepción del tiempo no existe, puede surgir en una siestas repentina donde puedo sentir que transcurrieron horas y sólo pasó media hora. Estas ondas nos abren el cerebro límbico y es donde está la memoria de largo plazo, millones de bits de información que no llegan a tu consciente, todas la información de las células que viven y mueren. Las ondas Theta aparecen en nuestros sueños nocturnos y en nuestros estados REM.


¿Qué es el sueño REM?


El cerebro pasa por ciclos con cinco fases distintivas: fase 1, 2, 3, 4 y el sueño de movimientos oculares rápidos (REM por sus siglas en inglés). El sueño REM representa el 25% del ciclo de sueño y ocurre por primera vez entre 70 y 90 minutos después de dormirse. Las siglas REM hacen referencia a: Rapid eye movement ('movimiento ocular rápido', la fase del sueño durante la que suceden los sueños más intensos).



Ondas Alpha

Alpha representa un estado de escasa actividad cerebral y relajación. Estas ondas son más lentas y de mayor amplitud que las beta. Su frecuencia oscila entre 8 y 14 cps. Una persona que ha terminado una tarea y se sienta a descansar, se encuentra a menudo en un estado Alpha; así como la persona que está dando un paseo, disfrutando del paisaje, observando el paisaje desde la cumbre. Estas ondas aparecen en el cerebro de un pre adolescente, a los 9 o 10 años cuando comienzan con esas preguntas incómodas y ya comienzan a enterarse que Papá Noel y los Reyes Magos son los padres.


Estas ondas están en la puerta entre el pre consciente y el consciente.


Las Alpha surgen en ese crepúsculo intermedio donde hay calma, pero no sueño, donde hay relajación y un estado propicio para meditar. Lo podemos experimentar también cuando estamos en el sofá viendo la tele o en la cama descansando, pero sin llegar a dormirnos.


Los ojos son el sentido que más usamos. Si no tengo una buena onda Alpha, no voy a poder entrar a ese estado profundo, de meditación. Mucha gente que cierra los ojos para meditar, pero no va a la onda Alpha, va a la onda Theta, se duerme. Por eso, la práctica de atención consciente es buena para tener un buen alfa.


Cuando queremos hacer algún entrenamiento mental, cerramos los ojos, bajamos nuestras ondas, y ahí empiezo a trabajar mis objetivos, con antifaz, la melatonina, que se activa con más oscuridad, me deja estar más relajado.

No sólo estás en las palabras, estás sintiendo otras cosas, hay una comunicación energética. Esa comunicación sólo se recibe en onda Alpha y relajado.

Cuando nos vamos a dormir, las ondas cerebrales van pasando sucesivamente de beta a Alph, Theta y finalmente, Delta. Durante el sueño se producen ciclos que duran unos 90 minutos.


Ondas Gamma (25 a 100 Hz)

Desde la neurociencia, se están descubriendo más datos sobre este tipo de onda, pero hasta no hace mucho apenas se sabía demasiado. Es más, resulta muy difícil captarla en los electroencefalogramas. Hablamos de un tipo de onda que se origina en el tálamo y se mueve desde la parte posterior del cerebro hacia adelante y a una velocidad increíble. Durante unos años consideraban que la gente que las tenía era esquizofrénicos o tenían alguna enfermedad mental. Esas ondas, que surgen del tálamo y estimulan todo el cerebro. Son las ondas de la concentración, de los eureka. Se les llama las ondas de la bendición, cuando observas la naturaleza y no necesitas nada ni nadie, te sientes unido al universo.

Las ondas Gamma son muy buenas, antes debemos tener las Alpha. Si yo estoy relajado, en un problema puede aparecer.

Si estoy en Beta, es difícil que vaya a las Gamma. Dicen que Mathieu Ricart es el hombre más feliz porque se le estudió el cerebro y se le encontró mucha onda Gamma. Cuando empezamos a entrenar nuestra mente, empezamos a tener más. La meditación es mejor entrenamiento para generar ondas Gamma que rezar.


Hace unos años se hizo estudios con monjes budistas que rezaban y quedaban en ondas Gamma pero al dejar de rezar, de inmediato, vuelven a Beta. En cambio cuando meditan, quedan un rato en Gamma luego de meditar.

Una persona resiliente, que es positiva, que se recupera rápido, tiene mucha onda Gamma.


Se relaciona con tareas de un alto procesamiento cognitivo.

Tiene que ver con nuestro estilo de aprendizaje, con la capacidad de asentar información nueva y también con nuestros sentidos y percepciones.

Se sabe, por ejemplo, que las personas con problemas mentales o de aprendizaje tienden a tener una actividad en la onda gamma menor que la media.

Los estados de felicidad evidencian también picos elevados en este tipo de onda.

La fase del sueño REM también suele caracterizarse por una alta actividad de este rango de frecuencias.

Para concluir, conocer los diferentes tipos de ondas nos permite entender nuestros procesos mentales, nuestras emociones, actividades y dinámicas generan un tipo de «energía» en nuestro cerebro. La clave por tanto está en ser conscientes de ello, en aprender a relajarnos, en ser más receptivos, intuitivos o en favorecer, por ejemplo, ese control emocional, donde nuestra ansiedad trabaja a nuestro favor y nunca en nuestra contra.


Comentarios


Presentación de alumnos

Primera parte

Vimos la importancia de una comunicación clara y el liderazgo en la gestión de la motivación del equipo y la reducción de la ansiedad.

Debemos proporcionar estructura, definir expectativas y ofrecer espacios de participación para fomentar la autonomía y la confianza.

Las recompensas sociales tienen un papel clave para influir en el comportamiento, contrastando las amenazas a la autonomía con el refuerzo positivo a través del reconocimiento y la comunicación transparente. Te proponemos reflexionar sobre situaciones en las que sintieron una pérdida de influencia y a reformular sus mensajes para activar recompensas en lugar de amenazas, mejorando así la cooperación y el compromiso.

2da parte Modelo SCARF

En esta parte, vimos el modelo SCARF de Neuroliderazgo,  que ayuda a los oradores a comprender y activar motivadores sociales en sus audiencias. Leticia explicó cómo usar el lenguaje corporal, la modulación de la voz y los recursos visuales de manera efectiva, enfatizando la importancia de conectar con la audiencia a través del contacto visual y gestos de manos adecuados. 

 

El modelo SCARF, un marco basado en neurociencia desarrollado por David Rock, describe cómo el cerebro humano responde a situaciones sociales activando circuitos de amenaza o recompensa. Las amenazas sociales pueden activar los mismos circuitos neuronales que el dolor físico, citando investigaciones de Naomi Eisenberger en la Universidad de California. Hay cinco motivadores sociales en el modelo SCARF: estatus, certeza, autonomía, relacionamiento y justicia, explicando cómo cada uno afecta la motivación, la cooperación y el aprendizaje cuando se fomentan. Enfatizó la importancia de comprender y abordar estos motivadores para mejorar las interacciones sociales y el rendimiento en diversos contextos, incluyendo el habla en público y las relaciones.

 

Ella discutió los tres canales de comunicación preferidos - visual, auditivo y kinestésico - y cómo adaptar el estilo de mensaje en consecuencia. La sesión cubrió ejercicios prácticos para mejorar la presencia en el habla, incluyendo técnicas de respiración y postura física, y también abordó cómo manejar el nerviosismo y mantener el compromiso del público a través de un ritmo y narración adecuados.

3 a parte Hipocampo, gestión del estrés y aburrimiento

Nos interesa que ambos sistemas, simpatico y para simpatico estén en armonía.

Si nuestro sistema parasimpatico estuviera todo el tiempo activo, tendríamos estrés, ansiedad, depresión, apatía, cansancio extremo, lentitud mental y cognitiva.

Hay momentos que necesitamos que las expresiones de lucha o de huida del simpatico estén presentes. Y hay otros momentos que necesitamos de la parte relajada y de participación social del parasimpático.

Cuando hablamos en público, el sistema nervioso autónomo (SNA) juega un papel fundamental en cómo nuestro cuerpo reacciona, y cómo controlamos esas reacciones. Este sistema se divide en dos ramas principales: el sistema simpático y el sistema parasimpático. Ambos trabajan en conjunto para mantener el equilibrio, pero actúan de maneras opuestas, especialmente cuando estamos expuestos a situaciones de estrés, como hablar frente a una audiencia.

1. Sistema Simpático: El "Botón de Alerta"

El sistema simpático es el encargado de activar la respuesta de lucha o huida (fight or flight), que prepara al cuerpo para enfrentar una amenaza percibida. Cuando estás a punto de hablar en público, tu cerebro interpreta la situación como un estrés social, lo que activa esta rama del sistema nervioso.

Respuestas típicas del sistema simpático durante una charla:

Aceleración del corazón: El aumento del ritmo cardíaco ayuda a que más sangre fluya hacia los músculos, preparándote para una acción rápida.

Aumento de la presión arterial: Esto asegura que los órganos vitales tengan más oxígeno y nutrientes para responder rápidamente a cualquier amenaza.

Respiración rápida y superficial: Este cambio en la respiración proporciona más oxígeno para un posible esfuerzo físico, aunque, en este contexto, no se necesita correr ni pelear, solo enfrentar la situación.

Sudoración: El cuerpo intenta regular la temperatura corporal, ya que el aumento de la actividad física genera calor.

Tensión muscular: Los músculos se tensan, lo que nos hace sentir rígidos y, a veces, incluso inmóviles.

Todo esto se traduce en una sensación de nerviosismo o ansiedad, la cual es común antes de hablar en público. El sistema simpático pone al cuerpo en estado de alerta para protegerse de lo que percibe como una amenaza.

Debemos tener estrategias para una comunicación y participación efectivas en entornos de aprendizaje. Debemos proporcionar una visión general antes de profundizar en los detalles, usar elementos visuales y permitir tiempo para la reflexión para reducir la sobrecarga cognitiva. Leticia también destacó el papel de las preguntas para mantener a los estudiantes activos y la necesidad de que los estudiantes repitan la información para solidificar las conexiones neuronales. Insistió en la importancia del lenguaje corporal en la comunicación, abogando por posturas seguras y una entrada contundente para captar la atención del público.

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