Trump, las trampas del marketing y la construcción de la verdad


Podríamos decir que con la sobredosis de información que tenemos, la gente lee cada vez más. Pero lamentablemente ante el cúmulo de información que recibimos de las redes sociales, del periódico de papel, de la televisión, de la radio, la gente se dispersa más, se enfoca menos y esto arroja el resultado que escuchamos y leemos con atención cada vez menos. Posiblemente esta sea la razón del crecimiento de figuras demagógicas en Venezuela, donde un Nicolás Maduro sigue ganando las elecciones y el pueblo venezolano, ya disperso, con miedo, sin fuerzas, no va a las urnas y ganan las elecciones ante la falta de oposición y de derechos humanos. Será por eso también que en Estados Unidos, ante sorpresa de todos, ganó las elecciones Donald Trump pero en la cuna de la libertad, este señor lo hizo basándose en las leyes del marketing, que son tan efectivas como engañosas

Recientemente tuve la oportunidad de mirar un documental sobre Donald Trump en Netflix, cadena de pago que poco disimula su oposición a su gobierno. En esa producción se entrevista tanto a gente amiga como enemiga del actual presidente de Estados Unidos. Se muestran imágenes de sus jóvenes años, cuando era simplemente el heredero de Fred Trump, un constructor de torres económicas de Nueva York y aparece como alguien más bien suave y moderado ante las cámaras hasta el hombre que hizo del insulto y la desconfianza una marca de fábrica. Desde el empresario que era bienvenido a la Casa Blanca y posaba sonriendo con los entonces dueños de casa, Bill y Hillary Clinton, al hombre de negocios, abierto, divertido, que felicita a Barack Obama cuando llega a la presidencia. De esos tiempos donde mostraba confianza al gobierno del marido de Michelle hasta el momento que crea una campaña pre elecciones donde aprovechando sus millones de seguidores entabla una duda sobre la ciudadanía americana del propio Obama y hace crecer la desconfianza sobre la posible familiaridad del susodicho con Obama Bin Laden. Se sabe que esta campaña no tuvo resultados en el círculo intelectual y culto de la sociedad americana pero sí lo tuvo en los miles de norteamericanos que habían perdido su empleo y sentían que sus impuestos iban a parar a la seguridad social para asistir al creciente número de extranjeros que venían in crescendo. Una buena campaña puede decir mentiras pero si se acentúa en dichos que la gente está diciendo en su cotidianeidad y siente como verdades, termina siendo un éxito.

Su faceta como rey del marketing la había demostrado mucho antes, cuando construye la Trump Tower, realiza una gran obra de ingeniería, busca que el metro cuadrado en la Quinta Avenida de Nueva York sea uno de los más caros del mundo, y la misma ingeniera que construye ese edificio, reconoce que la construcción de los apartamentos por dentro había utilizado materiales económicos y baratos.

Pero Trump no es el único que transmite ideas, frases, pensamientos a través del marketing y los hace circular como verdad. En este mundo de apogeo de las redes sociales, cada usuario de Facebook, Twitter, Instagram busca exponer su mejor cara, ocultando totalmente su zona oscura, lo cual es legítimo pero claro el problema surge cuando esa persona inventa una bondad que no tiene o crea una paz ficticia mientras vive combatiendo personas e ideas.

También es una forma de marketing los que deciden permanecer en silencio y exponerse de forma muy escueta. Ese misterio detrás de la ausencia de publicaciones los hace valederos de cierta admiración porque en el reino de la sobre exposición, ellos se dan el lujo de ser silenciosos y casi invisibles. De ese estilo es el arquitecto José María Casal, próximo ponente en MVD Biz Lunch, que será el martes 16 de octubre de 2018 en el Aloft Montevideo Hotel. De perfil bajo aunque es exitoso en sus obras, tiene oficinas en Montevideo y Paraguay, es el arquitecto detrás del mismo hotel Aloft, del Awa Boutique+Design Hotel y del edificio Feel de Asunción, Paraguay pero él prefiere que sus obras lo describan. Con cierta comodidad a pasar desapercibido, Casal aceptó dar una charla en MVD Biz Lunch, evento que combina almuerzo, networking y dos charlas, que en su caso las compartirá con Silvina Rocha, directora de Quatromanos.

Como Casal hay muchos emprendedores que prefieren ganarse una buena reputación por parte de clientes antes que exponerse en las redes sociales. Porque más allá del marketing, en este mundo cada vez más vale una recomendación de alguien antes que la mejor campaña publicitaria. Para contarles un ejemplo, el Congreso de Autoestima y Liderazgo de Montevideo recibe cada año en las evaluaciones de la gente un promedio de Muy bueno a Excelente, lo que da como porcentaje 4,8 en promedio donde el máximo es 5. Hace unos meses, un señor que jamás vino a ninguna edición del congreso evalúo en nuestra página de Facebook al congreso con 1 y lamentablemente Facebook no permite borrar los comentarios falsos y este porcentaje permanece aunque cientos de personas hayan dicho en encuestas que el congreso es excelente. También nos pasa a los que damos cursos de Liderazgo, Inteligencia Emocional, Comunicación, podemos gustar a 49 de 50 personas y basta que una persona evalúe negativamente y el facilitador se pone a pensar qué expectativas tendría esa persona que no fue complacida. Si estamos aún en batallas con nuestro ego, esa crítica destructiva sobresale frente a los miles de críticas constructivas y positivas. Pero si el ego es algo que utilizamos en momentos de posicionarnos con un cliente para negociar pero lo dejamos de lado a la ahora de querernos y querer a otros, llegamos a la conclusión que no vamos a gustar a todo el mundo pero posiblemente esas personas a las que gustaremos, podremos influir positivamente y aprender que tampoco sus elogios debemos escuchar. El aprendizaje y el triunfo a la vanidad la damos cuando nos da igual tanto si nos critican negativamente como si se sienten que somos su salvación.

Cada vez busco menos ser una gurú o una salvadora del alma porque en esa batalla que he librado con el ego, he aprendido que los verdaderos campeones son los clientes de coaching o de terapia, los asistentes a mis cursos, los emprendedores que se atreven a solicitar servicios de mentoring, los ejecutivos que reconocen que quieren aprender a comunicar mejor, los hijos que con pequeñas frases nos enseñan a los padres y una es simplemente una guía que los acompaña en su descubrimiento vital y en su travesía hacia ese cambio que buscan hacer. No hay marketing que valga con ellos. Basta la verdad, la honestidad, la voluntad, la disciplina para combinar el ser, el sentir y el hacer. Esos seres que nos generan ser verdaderos son los que nos esperan con los brazos abiertos. Y volvemos a confiar y otra vez volvemos a creer en la fuerza de la palabra y la cooperación.

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