Cambio, reconstrucción y volviendo a creer


(*) Columna realizada para Revista En Obra, Año 22, Número 168.

Hace mucho que suelo pensar de forma intermitente en esa frase de Jean Paul Sartre, esa que dice algo así como que el infierno son los otros, una metáfora de la poca importancia que tenemos que dar a la opinión de los demás en nuestra vida.

Muchas veces, los demás intervienen como consejeros en nuestra vida porque les hemos dado el espacio para ello. Con la gente de nuestra confianza, solemos compartir información que consideramos privada. Cuando las cosas en nuestra vida no suelen salir como esperábamos, los conservadores de nuestra privacidad suelen aconsejar y vaticinar el futuro. Eso crea miedos, inseguridades y barreras en personas que están atravesando un momento vulnerable. Por eso, ya sea a un cliente de coaching o de psicología como a una persona de mi confianza, siempre trato de separar aquello que me dice de lo que yo digo o hago. Porque así como al cliente no puedo aconsejarle ni decirle qué camino debe tomar, me parece muy atrevido aconsejar a un amigo sobre su futuro, como si tuviera el poder de anticipar los acontecimientos. Sería apresurado de mi parte y estaría sugestionando a alguien antes de tiempo. El famoso “no lo veo”, “tienes que abandonar esa idea porque no saldrá bien”, “la gente no cambia” son sólo creencias que dinamitan el camino. Porque la gente ve más de lo que quiere ver, puede más de que cree y cambia siempre y cuando una situación le incomode. La gente elige hacer yoga cuando ya no puede respirar y elige caminar cuando la ansiedad reclama atención. Todo es un tema de elecciones.

Hace unos años recuerdo que cuando trabajaba de periodista en un periódico de Uruguay, me encontré con un compañero, que apoyaba causas feministas y solía estar muy pendiente de todos los avances de la mujer en diversos ámbitos. Un día, curiosa ante esta versión uruguaya de John Lennon, le pregunté a qué se debía esa solidaridad con nuestras causas y él me confesó que se debía a un cambio. Él había sido muy machista recalcitrante, un celoso patológico, que no había dejado ni a sol ni a sombra a su ex mujer y un negador de sus cualidades. Un día, ella lo dejó, lo que lo devastó emocionalmente y para recuperarla, él pensó que el mejor camino era cambiar. Además de escribirle grafitis románticos en algunos muros, este señor comenzó a ponerse en el lugar de su ex mujer. Casi sin darse cuenta, comprenderla a ella le hizo comprender la situación de otras mujeres, que son madres, trabajan, sacan a sus hijos adelante y progresan personal y profesionalmente.

También pienso el cambio que hizo mi amiga Karin Bía, que cuando estuvo a punto de optar por una carrera humanística, pronto se decidió a estudiar Arquitectura, lo que definió una de las pasiones en su vida, ya que es hoy una de las arquitectas más innovadoras del panorama local. Claro que para hacer ese cambio, Karin miró hacia adentro de sí misma, se preguntó qué quería y de esas preguntas arrojó luz hacia las respuestas más adecuadas.

También cuando queremos cambiar alguna actitud que no nos sirve, es imposible hacerlo si nos quedamos aferrados a nuestro pasado y a nuestros errores. Más bien, debemos darle un amplio vistazo a esos hechos pasados que hicimos mal y transformarlos en aprendizajes. Para cambiar, debemos creer que es posible renacer, volver a la pureza que teníamos cuando nacimos y éramos bebés indefensos. Para cambiar, debemos reconstruir esas partes que dejamos olvidadas: recobrar la paciencia, la paz, la calma, el amor. Para cambiar, debemos atrevernos a volver a creer en nosotros y en los otros. Aunque esa creencia en los otros, poco tiene que ver con el seguimiento de las creencias y opiniones de los demás. La ignorancia de seguir a otros de forma ciega es tan nefasta como el ánimo cerrado, que no comparte, juzga y se compara. El sol brilla desde lejos, no necesita decir “soy el sol que brilla”. Brilla naturalmente como cada uno de nosotros puede brillar con luz propia, sin necesidad de luces de neón. Porque así como no existe un desierto sin un manantial escondido, tampoco existe un edificio o una casa o una familia o una empresa que se haya hecho por gente sin corazón.

#cambio #elblogdeLeticiaBrando #JeanPaulSartre #consejeros #coaching #psicología #feministas #JohnLennon #gestióndelcambio #dejarelpasado #creencias #elecciones #yoga #KarinBía #vidrieríaBía #consultorasuruguayas

21 vistas