Give peace a chance


En coaching, constantemente se habla de soluciones, diseño de objetivos, planes de acción y la importancia de trabajar las creencias del cliente para que perciba un mundo mejor. Algunos tipos de coaching como el ontológico tratan también la fase espiritual del individuo y creo que nunca como en estos tiempos para descentrarnos de las posesiones, los egos, los roles y las competencias. El coaching nos permite ampliar nuestro mapa del mundo y creer que no es verdad todo lo que creemos. El terrorismo que sufre el mundo estos días es un ejemplo de ego constante y de imposibilidad de los yihadistas y el Estado islámico de ver más allá de su territorio. El mundo entero desea que estos abanderados del Mal abandonen sus falsas creencias pero mientras tanto, propongo que cada persona fomente la paz y la comprensión en su vida

Haciendo ejercicio de la psicología y del coaching, debo escuchar sin prejuicios lo que el cliente me narra. Debo crear un contexto de confianza y confidencialidad donde el otro realice la apertura y trabaje sus miedos y sus sueños. Un proceso de coaching exitoso se da cuando el cliente logra descubrir quién es, halla sus valores más positivos, que lo conectan con el camino que quiere seguir para concretar sus objetivos. Para este camino, es imprescindible que el cliente se conecte con su parte espiritual, con su ser más íntimo, con todo eso que poco tiene que ver con sus roles y posesiones. Stephen R. Covey habla de ética del carácter, otros hablan de valores, otros hablan de componentes del alma, lo cierto que siempre hay elementos internos que nos permiten funcionar mejor exteriormente.

Lamentablemente, lo que está sucediendo es la conexión de la gente de afuera hacia adentro. Hay pocas personas que conectan con sus valores internos y viven en plenitud. La mayoría de personas asocian la felicidad y la dicha a la ausencia de problemas, a la posesión de bienes materiales, al logro de objetivos, a lograr una casa, un coche, una profesión, a tener éxito económico o profesional. Pero si centramos la felicidad en esos aspectos, como tenemos un tiempo por delante, que es cambiante y fluctuante, algún día, pueda que no tenga mi coche, ni mi casa y algún día quizá también deje de ejercer una profesión. ¿Eso significa que dejaré de ser feliz? Si me aferro a lo material y a lo exterior, la ausencia de esos bienes significará la infelicidad. Pero si me aferro a lo espiritual, todas las crisis y guerras del mundo, no podrán arrebatarme lo que Viktor Frankl llamó la libertad última.


Pero principalmente la conexión con el ser nos conduce hacia la paz.

Recientemente leo muchas cosas llenas de violencia y agresividad en personas influyentes. Desde frases xenofobas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump que aprovecha la ola de atentados yihadistas para meter a todos los musulmanes en la misma bolsa y de paso agregar a mexicanos. También leo posts de personas del ámbito del desarrollo personal que promueven la paz, el amor, la felicidad y constantemente se comparan con otros colegas, para marcar que ellos están en un escalón superior. Los dos casos me parecen preocupantes. Uno es el presidente de una potencia mundial, con más de 36 millones de seguidores en Twitter que declara su deseo de asesinar, ocupar, bloquear suena un tanto desagradable en estos tiempos donde se hace necesaria la paz y armonía. El otro tipo de ejercicio, de buscar las incongruencias en colegas que hacen lo mismo me parece un aspecto poco pacífico, que cada vez más leo en algunos bloggers influyentes. La comparación con otros. La crítica destructiva a ideas y pensamientos. Cuando el maestro critica a otros maestros, me temo que los alumnos débiles harán lo mismo y se creará un círculo de queja, lamentos y carencias. Creo que estamos para ver diversidad de criterios y no debemos compartir todo pero sí respetar las diferentes visiones del mundo. Cuando un coach o psicólogo se muestra tan rígido en sus creencias, al punto de no aceptar al que piensa diferente, creo que debe rendir unas materias en su dimensión espiritual, que le desinflará su ego y le conectará con su ser. Al final de cuentas, ni la paz, ni el amor ni la felicidad son temas de predicadores sino de practicadores. Porque sigue siendo bonito practicar el amor, dando y recibiendo de gente que nos reconforta el corazón. Porque tras duras batallas, siempre llega una tregua para respirar y sentir paz. Y porque si somos felices dando paz y amor, será casi natural engendrar proyectos que nos conecten con la vida. Y los dejo con un programa de Hola Barcelona donde hablo sobre la importancia de cultivar los valores.

Y los dejo con un programa que hice en el espacio de coaching que tuve en “Hola Barcelona”, presentado por la excelente periodista, Olga Valencia.

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