Aprendiendo a pensar, mejorando las acciones


Vemos programas donde los panelistas comentan con mucha verborragia, sin mediar casi puntos ni comas ni mucho menos frases donde se denote que se escucha al interlocutor. Pero la escasa reflexión también se observa en algunas madres que no median palabras y prefieren los insultos, gritos y hasta los golpes ante cualquier objeción con el maestro de turno, o en jefes reactivos antes equipos inefectivos. ¿Qué les ha pasado que han preferido actuar antes que pensar? El cerebro reptiliano, principal responsable de la respiración y la circulación sanguínea y también de los instintos primarios como la agresividad, miedo y defensa del territorio está dominando nuestras acciones.

Nos hemos olvidado de utilizar el necortex, la parte más racional del cerebro para responder a los estímulos que recibimos. En realidad, la capacidad de pensar, de imaginarnos el mundo a través de signos y el desarrollo de la conciencia de uno mismo es uno de los principales logros de la especie humana. Cuando pensamos de forma efectiva, encontramos la clave para lograr nuestros propósitos y eso es uno de los principales asuntos que trataremos con Silvio Raij en el próximo Intensivo de Coaching y Mindfulness.

Justamente fue con Silvio Raij, hace casi veinte años, cuando hice mi primer curso de Autoestima y de Raja Yoga. En ese curso aprendí que hay cuatro tipos de pensamientos básicos: los positivos que nos sacan nuestra mejor energía; los útiles, que se refieren a nuestra agenda diaria; los inútiles que refieren a esas películas que nos hacemos por nuestros prejuicios y los negativos que nos bloquean, nos agotan y fomentan la ira, el miedo y la tristeza.

En realidad, se sabe que el pensamiento positivo no surge automático pero sí se puede ejercitar. Muchas veces, cuando estoy haciendo coaching o mentoring, les propongo a mis clientes que se ilusionen, no en el sentido de pensar inútilmente sino en el sentido de conectar sus pensamientos con sus posibilidades. Porque ya sea que tengamos una entrevista de trabajo, una reunión para convencer a un nuevo cliente o una cita con una persona que nos interese, la energía positiva que llevemos, suele llevar al éxito.

Nuestra mente debe ser nuestra aliada porque cuando creamos pensamientos negativos, nuestros pensamientos surgen como eventos abominables. En realidad, si creamos creencias irracionales sobre los demás, esto afecta nuestras relaciones, nuestro desempeño laboral y también nuestra posibilidad de ser libres. Los malos pensamientos acarrean envidia, celos, irritabilidad, desconfianza, miedo y una autoestima que fluctúa entre la falsa creencia de creernos unos dioses o de creernos unos pobres diablos. Si tengo la necesidad de persuadir a mi jefe sobre la importancia de agregar más integrantes a mi equipo pero siento que no lo voy a poder convencer porque tengo miedo que me diga que no o que no le guste escuchar eso ahora, entonces me callo y evito problemas pero también evito ganar y evito ser valiente y seguir mis convicciones, en otras palabras, escucho a mis miedos y no recurro a mi poder interno ni a mi intuición.

Lo cierto que la persona negativa se enferma más que los optimistas mientras que las personas positivas inspiran, motivan y promueven crear entornos de aprendizaje constante.

Nuestros pensamientos son recurrentes, aparecen en nuestros desvelos y hasta cuando soñamos. Mientras dormimos, nos cuesta distinguir o recordar esos pensamientos, aunque en nuestra vida cotidiana, también nos resulta difícil distinguir entre pensamientos positivos, negativos, inútiles y útiles. No siempre reconocemos cuando pensamos de forma negativa. Tampoco reconocemos cuando estamos fantaseando y colocando más nuestras formas de ver el mundo, nuestras creencias y nuestra historia de vida antes de observar meramente la realidad. La elucubración constante nos hace vivir como seres contradictorios, que no se deciden a ser ni hacer lo que quieren. Los miedos a la libertad y a ser uno mismo viene impulsado por los preceptos sociales que nos limitan y nos hacen ser jueces y verdugos, reacios al cambio de mente y de pensamientos. La tendencia a lo conocido aunque me limite y me oprime aporta seguridad y me calma. Lo nuevo siempre implica taquicardia y movimientos en mis emociones y sentimientos.

Muchas veces tendemos a ser irracionales aunque la evidencia nos dice que no es el mejor camino. A veces la arrogancia que nos impide reconocer cuando nos equivocamos y creemos que debemos seguir antes de dar el brazo a torcer. Muchas personas derrochan seguridad y una racionalidad a prueba de balas y cuando se le critica algo que dice, suele desinflarse y ponerse a la defensiva. La falsa apariencia de una confianza imbatible esconde una pobre concepción de sí mismo. Un ejemplo de esto se ve en este mundo de auge de las nuevas tecnologías, donde algunas personas aprovechan para postear su rabia y envidia detrás de un Nickname donde exponen su malestar en sus comentarios a artículos online, posts de Twitter y Facebook. Otros aprovechan los mails quilométricos para exponer sus pesares. Muchos seguramente alguna vez declararon cosas del estilo: “Voy a escribir ese mail para desahogarme, le voy a decir todo lo que no le puedo decir personalmente, y si no me quiere escuchar, me va a leer al menos”. En todos los casos, la dificultad de conversar o discutir cordialmente sobre las diferencias no parece posible. El lenguaje escrito no permite las aclaraciones que nos brinda el lenguaje oral y por eso, una llamada por teléfono o un encuentro personal suelen ser más efectivos para conversar algo que duele o emocione de sobremanera.

Meditar , no juzgar y visualizar: las claves para pensar bien

No podemos predecir lo que va a pasar pero si podemos programar nuestra mente para procesar la información de una forma amigable para nosotros mismos. No es automático pensar bien pero podemos comenzar conectándonos más con nuestros valores y no tanto con nuestras acciones. Cuando pensamos que somos lo que hacemos, ahí comienza la principal creencia que nos bloquea para el cambio. Si las intenciones, los motivos y las expectativas que programa mi cerebro no son las adecuadas, puedo meditar, parar, detenerme y modificar el contenido de mis pensamientos. No será sencillo porque la mente no es una computadora aunque a veces funcione como tal.

A lo largo de mi vida personal y laboral, encuentro que hay dos caminos para conectarnos con nuestros pensamientos positivos y útiles. Una de ellas es la práctica de la visualización, una técnica de la PNL que nos permite imaginar eso que queremos y conectarnos con nuestra paz interna resulta muy útil. El otro camino es que combinemos la técnica de Mindfulness, que permite observar de forma efectiva la realidad, parar y evitar los juicios negativos sobre nosotros y los demás y es lo que haremos el próximo jueves 27 de octubre con Silvio Raij y puedes saber más de eso aquí.

Si dejamos de lado el miedo y lo cambiamos por la curiosidad, puede que nos atrevamos a cambiar y explorar las posibilidades que nos ofrece el mundo. Cuando somos niños, solemos tener muchas fantasías sobre el mundo de los adultos. Los veíamos salir, ser independientes, tomar decisiones, dar órdenes y teníamos mucha curiosidad sobre esto de crecer. Una vez crecidos, nos puede maravillar la frescura de un niño, que se cae y se levanta sin temores y cuando algo le incomoda, lo cambia. ¿Qué nos pasó a los adultos? Quizá lo que nos pasó es que nos enseñaron a hablar, a leer, a contar pero se olvidaron de enseñarnos a pensar. Luego comenzamos a transitar por la vida con una estructura rígida de cómo debemos actuar.

Todos recibimos cada día estímulos buenos y malos, depende de nosotros lo que pensamos y cómo actuamos frente a eso que estamos recibiendo. También nosotros los psicólogos y coaches recibimos cargas negativas propias y de los otros y está en nosotros eliminarlas y quedarnos con lo que nos hace bien. Nadie es adivino para entrar en la mente de las personas pero la forma más fácil de leer la mente es observar sus acciones. Cada acto de nuestra vida comienza con un fin en la mente. Una empresa, un hijo, una familia, antes de crearlos, antes los pensamos y luego ejecutamos nuestro deseo.

Cuando pensamos eficazmente, nos damos cuenta que la vida es cambio.

Un cambio supone un período de adaptación y por supuesto un esfuerzo. Y si debo cambiar para pensar de forma efectiva, bien vale la pena. Antes debo atreverme a vencer los miedos a equivocarme y a renunciar a cosas que ya no me hacen bien y salir de la posición de víctima a la posición de responsable de mis aciertos y fracasos. Si cambiamos pensamientos negativos y los transformamos en positivos, nos conectamos con nuestras emociones más positivas y cambiamos nuestra actitud. Y cuando cambiamos de actitud, de alguna manera estamos augurando una vida en equilibrio. Ese equilibrio que queremos seguir sintiendo y que quise exponer en mi programa Ruta feliz y los dejo con un video sobre el tema.

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