De la amistad líquida a la amistad sincera que trasciende looks y fronteras


Mientras los políticos se debaten para hacer creer a la gente que alguien sacará a España de la crisis, además de la ausencia de liderazgo, crece la era del vacío. Basta ver los programas que emite la televisión española y la latinoamericana. Todo es reality porque la ficción está en decadencia, mejor mostrar nuestras miserias humanas y contar con panelistas de turno, que juzgan, psicoanalizan y declaran barbaridades. En muchos países del mundo, hoy 20 de julio se celebra el día del amigo, una fecha particular si pensamos que es dos días después de la Jura de la Constitución del Uruguay, que se celebró el 18 de julio de 1830 y del 18 de julio de 1936, golpe de Estado del general Francisco Franco, que marca el comienzo de la Guerra Civil española. Entre tanta historia, parece que la cultura nuestra quiere privilegiar lo efímero, lo rápido, la inmediatez y la superficialidad en los vínculos.

Pienso hace unos años, cuando aún vivía en España, la cadena MTV emitía un reality donde Paris Hilton buscaba a su mejor amiga. En ella, la multimillonaria realizaba distintas pruebas para encontrar a su mejor amiga siguiendo criterios como la vestimenta, el maquillaje, los cambios de look y la rapidez de unas y otras para conspirar y contarle a Paris las posibles traiciones de alguna. El programa exponía la desorientación en la que están inmersas algunas jóvenes de la sociedad estadounidense. Si pensamos que este programa se vendía a todo el mundo, entonces se deduce que la superficialidad es algo que cotiza bien en el mercado de las emociones. Afortunadamente el mundo es amplio y contrariando esta visión donde se privilegia el lujo, la ostentación y las rivalidades entre otras mujeres, hay otros caminos.

Algo de eso pude experimentar en mi último viaje a España, que incluyó visita a la familia española de mi hijo Nicolás en Madrid y a mis amigas de Barcelona, además de aprovechar y dar una conferencia en el Fnac L'Illa, un lugar muy querido para mí porque ahí impartí varias charlas, talleres y presenté mi libro Las mujeres y los hombres que no aman demasiado hace unos años, y la charla de este año fue sobre amor con uno de mis queridos amigos catalanes, Francesc Miralles. En este último viaje pude experimentar la amistad en todas sus dimensiones, desde la presencia de mis mejores amigos escuchando mi charla con Francesc como días compartidos en la Costa Brava con algunas de ellas. Con algunos amigos llevo catorce años de amistad, con otros menos pero en todas prevalece el compañerismo, el cultivo de valores como la honestidad, el respeto, la escucha y la generosidad. Antes de nuestra charla tuve la oportunidad de hablar en la radio 4 en el programa "Amics i Coneguts"(Amigos y conocidos), conducido por la periodista Silvia Tarragona y con la colaboración de Francesc Miralles y justamente el tema fue la amistad, la importancia de no ser un adorador del amigo sino decirle las verdades con respeto y apertura. El disfrute de la amistad es una de las cosas más bellas que nos regala la vida. Claro que como el amor de pareja, la amistad es una planta que debe regarse diariamente y si los tenemos a la distancia, mantenernos informados de sus sentires y pesares. Sin duda que los verdaderos amigos puede pasar un tiempo que no nos hablemos y verlos es como si los hubieramos visto ayer. Tanto sembramos en esos años compartidos que la lejanía no es impedimento para que mantengamos los mismos sentimientos. Nuestros momentos de soledad son muy disfrutables pero cuando compartimos, la dicha puede llegar a ser inmensa. Somos mejores cuando damos y recibimos. Cuando tenemos un amigo al lado, los vaivenes del corazón se vuelven llanos y el intercambio calma la agitación momentánea. Los amigos nos permiten darnos cuenta que la omnipotencia es ineficaz por más que eso quiera decir el individualismo imperante. La necesidad de una palabra amiga en momentos duros nos conecta con nuestra humildad y acrecienta nuestro poder. Cualquier sueño tiene mayores posibilidades cuando se suman más de una mente.

Desde que mi pequeño hijo Nicolás tiene dos años, nos organizamos cada año para visitar España y algún rincón de Europa en julio, tanta vida vivida en la ciudad condal no se olvidan porque como declaraba la gran Chavela Vargas, "siempre hay que volver a los lugares donde se amó la vida". Hay muchos proyectos en Cataluña, desde traer la edición española del Congreso de Autoestima y Liderazgo, desde llevar Ruta feliz a la televisión española pero no sé si es la brisa de ese viento que acaricia el mar Mediterráneo, no sé si son esas Ramblas llenas de personas y objetos exóticos, no sé si es su Boquería con su variedad de frutas, verduras y comestibles, no sé si es su Paseo de Gracia con ese lujo que contradice la informalidad catalana, no sé si son ellos tan suyos, tan propios, tan únicos, no sé si es su cielo turquesa y sonriente de sol, no sé si son las calles pequeñas de Gracia, barrio donde tuve casa y oficina durante diez años, pero hay algo efervescente en Barcelona, algo que la hace única, algo que te hace soñar volver algún día, aunque sea algunos meses, aunque sea al menos algunos años, y así vivir nuevos días en la ciudad más bella del Mediterráneo.

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