El amor en nuestras paradojas diarias


Do what you gotta do Come on back see me when you can Man I can understand how it might be Kind of hard to love a girl like me I don't blame you much for wanting to be free”

NINA SIMONE, “Do what you gotta do”

Mucho tiempo hemos estado los dos géneros observándonos y sorprendiéndonos de las diferencias. La madre casta y protectora figura en el estandarte de nuestro paradigma cultural del “ser mujer”. El padre protector, proveedor y autoritario se ha impuesto como modelo del “ser hombre” durante siglos.

Aún en las primeras décadas del siglo veintiuno cuesta encontrar a alguien que no crea en una mujer como un ser dulce, sensible, que escucha, da vida, alimenta y protege. Al mismo tiempo, en la actualidad, las palabras que suelen endilgarse al ser femenino se asocian con la independencia, autonomía, libertad y goce de la sexualidad y este léxico entra en contradicción con la noción más tradicional y conservadora de lo que implica ser mujer. Como así también el paradigma masculino suma otras palabras además de paternidad, autoridad, unidimensionalidad, fuerza, protección. Ahora también los hombres detentan palabras como sensibilidad, afectividad, ternura, vulnerabilidad.

Pero se sabe que más allá de las palabras, las acciones son los determinantes principales del peso o ligereza de un discurso. En tiempos complejos, las palabras se contradicen con los hechos y esa mujer que se declara independiente no evita expresar cierta perplejidad ante la escasez de hombres atentos y protectores. Del mismo modo, esa declaración masculina que celebra lla autonomía femenina colisiona con ese mismo deseo del hombre a encontrar una mujer que no oculte cierta fragilidad.

Durante muchos años, fui identificada en España con el tema del amor. Más allá de ser reconocida como una coach en Liderazgo y Comunicación, en 2005 la multinacional PARSHIP me nombra "single coach" para España y posteriormente para México también. Este vínculo con la empresa alemana duró hasta diciembre de 2011 y en el interín fundé mi propia consultora en 2007 en Barcelona y ahí mi primera creencia era que iba a tener mucho trabajo con el tema de singles y parejas, y lo que sucedió es que tuve más trabajo en empresas trabajando liderazgo, gestión de equipos y comunicación. En el trabajo en empresas introduje el tema del amor y valores, estudié el liderazgo amoroso que observé en algunos líderes, que lograban que su empresa fuera productiva, algo similar al liderazgo resonante ya descrito por Daniel Goleman, Richard Boyatzis y Annie McKee. Si bien mi perfil profesional se iba potenciando en el ámbito empresarial, el tema del amor siempre estuvo en mis intereses a abordar. Publiqué el libro Las mujeres y los hombres que no aman demasiado, produje y escribí el documental sobre amor Ni contigo ni sin ti pero a solas conmigo, di varias charlas sobre el tema, que no necesitaban promoción, se llenaban las salas en el Fnac, en Excellence, en Catalonia, en Casa del Libro, quizá por nombrar sólo la palabra "amor" que nos mueve a todos. Y a nosotros se nos llenaba el corazón de compartir porque cuando la gente habla de amor, emerge lo mejor de su ser, vemos ojos brillantes, sonrisas que no pueden disimularse y troncos erguidos. El amor potencia, el amor es sano y cuando se lo vincula con los celos y la posesión, se sabe que eso no es amor sino dependencia y una relación tóxica.

A veces se pierde el respeto en la pareja, sentimos que no podemos ser nosotros y sólo se percibe dolor ante el futuro que imaginamos. Podemos esforzarnos para mejorar una relación pero el esfuerzo es inútil cuando ya no hay sentimiento y se perdieron las esperanzas.

La inmadurez emocional, normalmente provocada por carencias afectivas, nos impide muchas veces establecer vínculos sanos y nos lleva hacia la dependencia o el rechazo.

Cuando dos personas se unen, hay dos seres que aman y a veces creemos que debemos ser uno y ese es el gran error en las relaciones. Debemos preservar nuestro espacio e individualidad porque la pareja implica precisamente dos personas.

Cuando amo con independencia emocional, respeto tanto mis necesidades como las del otro, sin egoísmos. Es un amor donde doy lo mejor de mí pero eso no significa que sacrifique mi vida. El amor se siente, no se enseña, se transmite, no se ordena y se da pero no se pide. Para cultivar la independencia emocional, debo lograr un equilibrio entre lo que no quiero renunciar de mi personalidad y lo que debo ceder para que mi pareja se sienta respetada y feliz. Y así lo he contado en el programa de Ruta feliz donde hablamos de amar sin dependencia y puedes verlo aquí

El amor de pareja no es un sacrificio, tiene que ver más bien con la libertad, la responsabilidad, el compromiso y la generosidad y principalmente tiene que ver con un espacio de crecimiento conjunto. En relación a esto, los dejo con una entrevista que le hice a mi amigo Francesc Miralles con el que daré una charla el martes 12 de julio a las 19 horas en el Fnac L' Illa de Barcelona, será entrada libre así que espero repetir el éxito de anteriores ocasiones.

autonomía femenina colisiona con ese mismo deseo del hombre a encontrar una mujer que no oculte cierta fragilidad.

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